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Algo que debe tener muy en cuenta cualquier ahorrador a la hora de tomar una decisión sobre dónde y cómo colocar su dinero es La inflación, sin embargo, el pequeño ahorrador no está tan familiarizado con este concepto aunque curiosamente conoce sus efectos mejor que la palma de su mano.

 

 

¿Qué es la inflación?

 

 

La inflación es un aumento generalizado de los precios que no se limita a determinados artículos. Como resultado, pueden adquirirse menos bienes y servicios por cada euro, es decir, cada euro vale menos que antes. 

 

Fuente BCE (Banco Central Europeo)

 

De forma más sencilla podemos definirla como el aumento del precio de los bienes de nuestra cesta de la compra, es decir, de

 

aquellas cosas que compramos de forma frecuente como los alimentos (el pan, la leche, carne, pescado…) o el combustible,

las que compramos pero nos duran algo más, como el calzado o los electrodomésticos y

los servicios que pagamos como la factura de la luz, el seguro del hogar o la peluquería.

 

 

Cuando se comenta en la calle que cada día la vida vale más, que las cosas que compramos son más caras, se está hablando realmente del efecto de la inflación.

 

 

¿Y cómo se calcula?

 

 

Se calcula usando el Índice de Precios al Consumo o IPC. Los expertos del INE forman una cesta de la compra con 480 artículos y miden la evolución mensual y anual del precio de todos y cada uno de ellos obteniendo tras algunos cálculos, el IPC.

 

  Por ejemplo:

Si hoy en día el precio de un café con leche asciende a 1,20 € y el año pasado era de 1,15 €, está claro que en un año el café con leche ha subido 0,05 € ¿no?. En términos porcentuales sin embargo, lo que no son más que 5 céntimos de nada, nos ha supuesto un aumento nada despreciable del 4,35 % en el precio.

 

Esto mismo se hace para los 480 artículos que forman esta cesta de la compra, calculando cuál es su consumo anual, dándole un determinado peso (importancia) en la cesta y obteniendo finalmente el IPC.

 

 

A febrero del 2019 el IPC se situó en un 1,10 %.

 

 

Para poder saber cuál es la inflación en la zona euro se usa el Índice de Precios al Consumo Armonizado ó IPCA, cuya cesta de la compra está formada esta vez por más de 700 bienes y servicios. El IPCA es un dato que se utiliza para hacer comparativas a nivel internacional.

 

 

A febrero del 2019 el IPCA también se situó en un 1,10 %.

 

 

 

Estabilidad de precios

 

 

Aunque se hable de un aumento del precio de los productos y servicios esto no es malo per sé ya que mientras la tasa de inflación esté próxima al 2 % se entiende que estamos ante una situación de estabilidad económica. Mantenerla es entre otras, una de las tareas del Banco Central Europeo, que no dudará en tomar medidas si la cosa se pone fea.

 

 

 

¿Y en realidad, en qué afecta todo esto a un ahorrador?

 

 

Pues le afecta en algo tan básico como lo son sus decisiones de inversión, ya que debe entender que no es conveniente dejar todos sus ahorros sin más en una cuenta corriente porque de hacerlo así al cabo del tiempo éstos habrán perdido gran parte de su valor.

 

Y es interesante también porque se puede tomar como referencia la inflación para ponerse un objetivo mínimo de rentabilidad, es decir, para procurar que nuestras inversiones a medio o largo plazo nos den al menos lo que haya subido la vida en ese tiempo. De no ser así igual es conveniente cambiar de estrategia.

 

Pongamos un ejemplo:

 

Supón que tenías ahorrados 50.000 € y que como no sabías muy bien qué hacer con ellos y el banco no te daba nada en un plazo fijo, al final decidíste dejar el dinero en la cuenta corriente. 

 

Ha pasado un año y ya está. No pasa nada, el dinero sigue estando ahí. Hay 50.000 €.

 

– Y entonces, ¿Qué problema hay?

 

–  Pues que ahora esos 50.000 € en realidad no valen lo mismo que el año pasado, sino que dado que la vida ha subido un 1% ahora valen un 1% menos, en concreto 49.500 €. 

 

–  ¿Pero sigue habiendo 50.000 € en la cuenta corriente?

 

– Ya, pero ahora no se puede comprar con ellos las mismas cosas que antes porque son mas caras y por tanto, se ha perdido poder adquisitivo. 

 

– 50.000 € del año pasado valen ahora 500 € menos.

 

 

Pues yo no lo veo…

 

 

Vale, pues démosle una vuelta y calculemos el mismo ejemplo para 10 años.

 

 

Teniendo en cuenta que en los últimos 10 años el IPC ha subido un 12,70 %

 

  50.000 € de hace 10 años equivalen a 56.350 € hoy en día, es decir, que para comprar lo mismo que comprábamos hace diez años con 50.000 € hoy en día necesitamos 56.350 €.

 

Visto desde otro punto de vista hemos perdido un 12,70 % de nuestro poder adquisitivo en tan sólo diez años.

 

 

 

¿No son estos motivos más que suficientes para pensar en que dejar «todos nuestros ahorros» custodiados sin más en el banco quizás no sea la mejor opción?

 

 

Un saludo,

Mi Pequeño Ahorrador,

 

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